Un adiós esperado a la deriva


Siempre supe que esto pasaría, muy dentro de mí existía aquella sensación que me decía que, por muy bien que se viera el panorama, no duraría mucho; y no estaba equivocado, pero era tanto el amor que tenía, que me aferré a ti como un náufrago se aferra a su barca para mantenerse a flote, bebí de tus labios como si fuese el último trago para el sediento rehén, dejé que pasarss sobre mí para que no mancharas tus pies con el barro, pero que equivocado estuve. Después de todo, para tí nada valía, te fuiste  dejándo sin remo mi bote, dejando sin agua mi vaso, dejándo al olvido un corazón destrozado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario