Existen momentos de inmensa inspiración, ideas que llegan como gotas de lluvia empapando la mente para una nueva creación, éste no es el caso, hoy es uno de esos días en que no sé que escribir pero siento el impulso a hacerlo. Es una de esas veces en que la creatividad vuela lejos, pero al mismo tiempo se queda aquí, sutílmente aconsejando que debo seguir. Es extraño, no le encuentro satisfacción a ningún verso que de mi puño, hoy, puede salir. No le escribo a la vida ni al amor que se fué, ni al amor que va naciendo, no escribo a la Luna, ni a la mariposa, ni a la flor, no le escribo a la mujer ni al colibrí, le escribo a la nada, a ese infinito espacio que se apodera de mí, ese glorioso momento que me hace sufrir por no saber siquiera que decir. Quema por dentro, neva por fuera, la mano que aprieta y luego me suelta, lo que me roba el aire y me lo regresa, una hermosa contradicción que arrebata la inspiración para después brindarle ideas a este pobre intento de escritor. Una hoja más que arrojo al rincón, otra hora perdida aquí en mi habitación. Mi cabeza gira, letras revolotean sin fin, palabras llegan y frases se van, ¿Acaso no hay nada bueno que saldrá de éste cabrón? Me voy, me encierro en el interior, a continuar hidratando la sequedad que me domina hoy.
Sequedad
Existen momentos de inmensa inspiración, ideas que llegan como gotas de lluvia empapando la mente para una nueva creación, éste no es el caso, hoy es uno de esos días en que no sé que escribir pero siento el impulso a hacerlo. Es una de esas veces en que la creatividad vuela lejos, pero al mismo tiempo se queda aquí, sutílmente aconsejando que debo seguir. Es extraño, no le encuentro satisfacción a ningún verso que de mi puño, hoy, puede salir. No le escribo a la vida ni al amor que se fué, ni al amor que va naciendo, no escribo a la Luna, ni a la mariposa, ni a la flor, no le escribo a la mujer ni al colibrí, le escribo a la nada, a ese infinito espacio que se apodera de mí, ese glorioso momento que me hace sufrir por no saber siquiera que decir. Quema por dentro, neva por fuera, la mano que aprieta y luego me suelta, lo que me roba el aire y me lo regresa, una hermosa contradicción que arrebata la inspiración para después brindarle ideas a este pobre intento de escritor. Una hoja más que arrojo al rincón, otra hora perdida aquí en mi habitación. Mi cabeza gira, letras revolotean sin fin, palabras llegan y frases se van, ¿Acaso no hay nada bueno que saldrá de éste cabrón? Me voy, me encierro en el interior, a continuar hidratando la sequedad que me domina hoy.
El punto del fin
Desde siempre te escribí, dejé correr la tinta comparando tus ojos con rubíes, componiendo versos para tu piel, describiendo el vuelo de tu cabello y el andar desde tu cadera hasta la punta de los pies.
Fuiste Luna, fuiste flor, fuiste mariposa y tu voz fué canto de ruiseñor, fuiste estrella, cielo y mar, fuiste todo lo que quería amar. Entre letras te construí un castillo de marfíl, entre hojas se plasmó lo que me hacías sentir. Y después de todo ¿Qué era yo para tí? Un poema malgastado que olvidaste leer, y no te diste cuenta que alguien te quería bien, te quería, si, pero ahora solo quiero poner el punto del fin.
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