Ella

“Tal vez no hace falta mencionarlo pero ella es mucho más que todas esas chicas de plástico. Ella es de alegrarte el alma, de romper tus miedos con sus labios, de enamorar con sonrisas, de miradas profundas, de amar, amar, amar y amar hasta quedarse sin nada por ti, es capaz de hacerte temblar con tan solo suspirar. Ella es la de las risas cantadas, la que se pasa la vida en un baile, con ella siempre habrá tema de conversación, una broma en medio del caos, un "te quiero" entre silencios, así se encuentre rota por dentro sacará fuerzas de la nada solo para hacerte feliz; y eso amigo mío, no la encuentras en ninguna mujer tipo "modelo". Tocarla es como rozar el cielo con las manos, porque ella es así, amor puro, sincero, ella es natural y eso, eso la hace tan especial."

-Adaptación al texto de Angel Reyes.

Me enamoré

Me enamoré de una poesía, de esas de carne y hueso, de esas que te acercan al cielo y te hacen recordar como cuando niños nos estirábamos para poderlo tocar, y nadie lo alcanzaba mejor que tú, y empezabas a volar y era real.
Me enamoré, y esta chica no lo sabe, ella no entiende el motivo de la grana encarnada en mi piel cuando me ve, ella no sospecha de las letras que dispara en todas direcciones, y que yo, voy corriendo a recogerlas como un crío va explotando las burbujas antes que el viento las destroce.
Me enamoré, y no puedo decir más, porque con ello expondría el sentimiento más hermoso que la vida nos dá, y lo guardo con recelo como se protege un secreto que nos puede matar o dar la vida, todo depende de quién lo averigua primero.
Me enamoré, aunque ella lo ignore, aunque no se lo confiese, aunque le escriba mil poemas y una ventisca los vuele impidiendo se los diga, aunque logre recoger todas sus letras y las ordene y antes de empezar a escribirlas se acabe la tinta.

Cobarde no, valiente... No sé

Hice una promesa conmigo mismo hace tiempo, la más estúpida que se puede hacer: no volver a enamorarme.
Lo sé, lo sé, no hace falta que me digan lo inevitable que eso es, porque el amor no pide permiso, no le importa dónde ni cómo estés, simplemente se aparece y te abre con una patada las puertas del pecho, y se mete, se alimenta de lo poco que queda en la nevera y decide quedarse. Ese maldito necio no conoce la vergüenza, o tal vez sí y por eso nos hace pasar tantos ratos con ella, y lo goza, lo sé, lo he visto revolcarse a carcajadas en el sofá de la izquierda cada vez que actúo como idiota ante esa chica y el rubor sube a mi piel.
Por eso mismo la promesa la he de romper, no por falta de agallas para mantenerla en pie, sino por el hecho de conocerme y sé muy bien que estoy volviendo a caer en ese juego de emociones y sentimientos, otra vez estoy aquí, en el asiento del centro, en la primera fila de la montaña rusa dispuesto a subir, y mira que le temo a las alturas, pero no me importa, voy a subir a contemplar todo lo que podría con ella disfrutar, y en seguida voy a bajar, levantaré las manos y estoy seguro que de nervios voy a gritar, pero llegaré hasta abajo para invitarla a subir conmigo, porque así debe ser.
No, no me digan cobarde por romper la promesa, un cobarde no se arriesga a soltarse y dejarse llevar por aquello que más teme... Está bien, prefiero ser el cobarde que no cumplió pero que decidió arriesgarse a amar de nuevo sabiendo que puede volver a perder, porque así soy yo, un cobarde que con miedo para adelante va.