Helena
Y no se me quitaban esas putas ganas de correr hacia ella, pero me detenía su actitud, un momento me elevaba hasta el más blanco cielo, hasta el estrellado firmamento, y cuando estaba ahí, navegando entre galaxias, me soltaba un chingadazo que me hacía estrellarme contra el suelo. Y eso era todo, pero ahí seguía de pendejo, porque a veces uno es ciego, porque a veces no nos queremos. Pero, ¿Cómo no amarla? Tan solo verla te hace volar, su belleza majestual te causa suspirar, el hipnotico ritmo de sus caderas te hará en lujuriosos deseos pensar. Bendita Helena, mi musa preferida, la más hermosa, la más puta, la insaciable amante con fisonomía escultural, entregándose a la carne y el placer, la que tiene miedo de querer.
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