La noche me supo amarga, como un café, y mira que el café me gusta, me supo amarga y fué por una razón: no estuviste, corazón.
Hoy te encuentro lejos, tanto que no puedo tocarte ni escucharte, no puedo verte ni abrazarte y aún así, te siento.
Lo hago, claro que si, porque al pensarte regreso al primer instante que sentí tu cuerpo, ese mágico momento en que abracé tu ser y te abrí la puerta a mis adentros, te escucho, porque tu voz me acompaña, pronuncia mi nombre y calma mis penas, la recuerdo, como un hombre recuerda la canción que su madre le cantaba cuando niño.
Puedo verte, porque difícil es olvidarse de unos ojos tan bellos que al instante de verlos se convirtieron en faros que alumbran mis desvelos, y no hay cómo apagarlos, jamás pensé que unos ojos tan oscuros iluminarían mi camino.
Aún así, la noche siguió amarga, y lo fué mas el despertar, me dispuse a escribir mientras bebía mi café, pero no pude comenzar, la mañana me supo amarga, porque sigues sin estar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario