Desde mi ventana



Por: Emmanuel León

La veía por mi ventana cada día por la mañana, parecía flotar al caminar, despidiendo alegría, no era diosa, pero se parecía; y como un acosador, con la vista la seguía mientras por mi calle aparecía. Benditas curvas definidas, me daban ganas de perderme en su anatomía, no por morbo, no follando, sencillamente admirando, quería pintarle un retrato, en mi mente imaginaba cómo sería tenerla frente a mí desvestida, con aquella sensualidad en su rostro, tan natural como siempre, nada la cohibía. Estaría de pie a la ventana, contemplando el atardecer, mientras yo dibujaba su delineado rostro, aquellos grandes ojos, el detalle de sus labios, uno ligeramente mas carnoso, el rizado de su cabello y cómo le cubría sus pequeñas orejas, mientras parte de un mechón travieso bajaba hasta sus pechos, moderadamente grandes, lisos y firmes cual gotas de agua, le caía por detrás, recorriendo su espalda, llegando a su cintura entallada, poco mas abajo se encontraban sus tersas nalgas, que se unían a sus suaves piernas, nada gordas, nada flacas, ese punto intermedio en que quedan bien torneadas, mientras yo la dibujaba y ella posaba, se respiraba en el aire su aroma tan peculiar, como escencia de vainilla, siendo de ella natural, quisiera embotellarlo cual perfume de Grasse. Todo ello imaginaba ahí, escondido como niño, refugiado, detrás de la ventana.

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